El Galpón en Pueblo libre acogió a esta obra que lleva por nombre Hasta el final, una obra escrita por Franco Luna y la participación especial de Reynaldo Arenas.
Esta obra explorar la memoria, el vínculo familiar y como este se va agrietando con los años, como las relaciones padre e hijo que no son exentas de cambio y son tema de una problemática que entra al debate de cada hogar. La puesta en escena nos trata de transportar al ande peruano, para ser más exactos, al Cusco, donde un estudiante representado por Luna y su padre (R. Arenas), un hombre de ochenta años que comienza a tener desvaríos, rastros de su vida que nublan su pensamiento. Esto no quiere decir que se haya marchado de la memoria el amor del padre al hijo, solo que hace peligroso el comportamiento errante y por tanto, la cercanía.
Es una obra que no pasa de la hora y algunos minutos, pero que es potente, que apetece no voltear la vista. Que deja en su paso algunas instantáneas que podrías enmarcar y dejarlas en la sala de la casa. Un padre frente a su hijo, hablándole con cariño, reconociendo un poco de él en quien tiene en frente, pero luego, contrastando sus diferencias generacionales.
Desde mi perspectiva, de espectador en tercera fila, puedo decir que es una obra que se lleva mi aplauso, que me interpela como ser humano, que me hace preguntarme sobre qué es lo realmente importante. No puedo cerrar estas líneas sin antes mencionar el gran complemento que es Reynaldo Arenas, como ese oficio que se gana con los años y es algo que es imposible pasar por alto.
En conclusión, esta obra tiene un nivel de actuación bastante respetable, bastante minimalista desde lo escenográfico, con recursos justificados desde la vestimenta, con la notoria mano de un director de por medio, que vale la pena ver y si es posible, reponer en un futuro. Quedan solo dos presentaciones (sábado 14 y domingo 15) por si alguien se anima a dejar de ver el celular para ver una gran obra de teatro.
