Señor ministro de Salud, ¿qué hacer? Es una obra documental de /Otro/ Colectivo que se estrenó el último viernes en Yuyachkani (jr. Tacna 363, Magdalena del Mar). Tiene una temporada corta, de viernes a domingo, hasta el 18 de octubre. Anoten.
Esta obra, escrita por Nani Pease y Tirso Causillas, quienes también dirigen esta puesta en escena, cuenta, además, con las actuaciones de Emanuelle Caffo y Mehida Monzón. En adelante, y para efectos prácticos, me referiré a este grupo de cuatro personas como el elenco.
Señor ministro de Salud, ¿qué hacer?
Hay que ponerle nombre a lo que duele. En ese sentido, creo que esta obra es un montaje imprescindible para nuestra historia reciente. Si tuviera que resumir el espectáculo de alguna manera, diría que es una pesadilla vívida: te arrasa, te conmueve y te supera como espectador.
Volviendo a la puesta en escena, tiene una banda en vivo que genera una atmósfera que te consuela, acompaña y seduce, al mismo tiempo que va apareciendo el discurso que el elenco interpreta. Un discurso que rompe la cuarta pared y que, dependiendo de las propias vivencias de quien lo presencia, puede abrumar o acercar al espectador a ese despliegue actoral que ocurre a solo unos centímetros de distancia.
El movimiento de los cuerpos, la poca o mucha luz: todo comunica un mensaje. Una pandemia. Una narración que va creciendo hasta llegar a una cúspide irremediable. Varias voces que cuentan perspectivas diferentes, con líneas que se cruzan bajo un mismo miedo: la muerte.
Entonces...
En conclusión, Señor ministro de Salud, ¿qué hacer? es una obra que te compromete con su trama. Entre poesía, movimiento y música en vivo, jala los hilos para acelerar, pausar y volver a acelerar. Nos acerca a ese problema que fue el COVID-19, que llegó para desnudar a nuestra desnutrida clase política, nuestras falencias educativas y nuestro escaso nivel de reacción. Hoy suena a ficción, pero hasta hace poco fue una pesadilla diaria.
Es, por supuesto, una obra recomendable. Pero vale la pena tomar en cuenta que este no es otro espectáculo minimalista y sin alma. Por decirlo de alguna manera, como espectador te enfrentarás a aquello de lo que no se puede escapar: la memoria colectiva.
Gracias a todos los que estuvieron involucrados en este espectáculo. Me hizo, ante cualquier resistencia, sucumbir a la nostalgia.
Debo admitir, entonces, que no recordaba la última vez que me había tocado aplaudir de pie.
Es todo.
