Usualmente, la obra y figura del célebre Julio Ramón Ribeyro ha sido asociada con la melancolía y tristeza debido al tono intimista de sus historias, las mismas que suelen girar entorno a personajes resignados al fracaso; sin embargo, quienes conocieron al escritor, han destacado también su gran sentido del humor y su celebración por la vida.
Asimismo, es lugar común relacionar a Ribeyro con la cuentística y la novela corta gracias a obras como La Palabra del Mudo y Los Geniecillos Dominicales, respectivamente. En ese sentido, para cualquier lector despistado será una grata sorpresa conocer la dramaturgia del mencionado autor gracias a la puesta en escena de 2 de Ribeyro, una producción a cargo de ACAU (Asociación Cultural de Artes Unidas) y llevada al escenario del Teatro de Lucía.
El Último Cliente y Confusión en la Prefectura, farsas escritas por Ribeyro en la década del 60, son el epítome de su obra humorística. Ambas, llevadas al extremo de la exageración y disparatadas a partes iguales, te hacen recordar a los inicios de Woody Allen. Es decir, carcajadas garantizadas a más no poder, incluso llegando a tapar el parlamento de los actores.
2 de Ribeyro es una oda al teatro de humor. Las actuaciones de Sandra Bernasconi, Javier Valdés y Roberto Ruiz, son simplemente superlativas y bajo la dirección de Alberto Ísola, es el combo perfecto que te asegura haber invertido bien cada maldita moneda.
En El Último Cliente encontramos nuevamente el arquetipo del personaje ribeyrano, esta vez representando por una solterona, encargada de una casa de alquiler de trajes de novios, quien parece ya resignada haberse resignado a su destino, sin haber encontrado el amor y calor de un hombre. Sin embargo, la llegada de un misterioso caballero avivará sus esperanzas de casarse, tener una familia, ser amada y... hasta que la cruda realidad le explotará sin miramientos en el rostro.
Es en Confusión en la Prefectura donde Javier Valdés hace un despliegue de su oficio como actor para arrancar carcajadas, no risas, carcajadas de todo el auditorio que, pese a la representación tragicómica de nuestra política nacional, se toma un respiro para burlarse de una historia que ya es tan típica en nuestra coyuntura: al anuncio de un golpe de Estado pone patas arriba a las autoridades de Huanta. Mostrándonos así, como el arribismo ha estado enquistado en nuestros políticos desde hacía años y nos hace reflexionar sobre que, tal vez, nada nunca cambiará en este país. Definitivamente, Julio Ramón Ribeyro supo captar el zeitgeit de la política peruana, la cual, parece está condenada a repetirse.
Todo lector, hincha o estudioso de la obra Ribeyriana está en la obligación de adentrarse al teatro de Julio Ramón mediante estas 2 puestas en escena. Háganse un favor y sigan mi consejo. Les aseguro que no se arrepentirán.
