Me siento, el altavoz hace la primera llamada, va apareciendo un personaje, así sucesivamente hasta que, por fin, llega la tercera. Antes de que se apaguen las luces, saco mi libreta y anoto: piso troquelado, dos dormitorios (diferentes escenarios), escritorio-espejo, oficina. Es todo lo que logro distinguir hasta quedar embadurnado de penumbra.
La obra
Entre líneas y silencios nos muestra una relación sentimental-terminal. Sí, así, con una presencia metódica, pero enfermiza. Esta pareja, conformada por Ponceano (Enmanuel Caffo) y Hermelinda (Darill Hanna), está atravesada por la sospecha de una infidelidad por parte del hombre de la relación. Motivo crucial para la trama, ya que esta desconfianza va a destruir transversalmente cualquier discurso que tenga el supuesto infiel.
Creo que, desde la dramaturgia, hay una historia común, pero interesante por contar. Ahora, pensemos en el cómo: de qué manera se tiene que contar esta historia para que no baste solo un argumento, sino que, a esto, se le sume el montaje con una serie de recursos preconcebidos desde el guion teatral técnico.
Comencemos con los puntos altos. Desde mi opinión, claramente, de lo único que me haré cargo en estas líneas.
La actuación de Enmanuel Caffo, como un hombre dubitativo y perturbado, logra darle una atmósfera interesante al relato que estamos viendo. Hace de la ficción una representación genuina y consigue que el personaje se sostenga incluso en sus momentos más incómodos. Eso dispone al espectador a prestarle la atención que se merece.
La cuota de humor y, aunque no parezca, también de suspenso (aunque suene raro) aparece con mayor fuerza en su interacción con el policía Orozco (Onasis Toro), con quien logra una química que hace al espectador quedarse pendiente de ese próximo movimiento. El humor no termina necesariamente por romper la tensión; en algunos momentos consigue hacerla todavía más incómoda.
Otro de los puntos importantes que crean atmósfera en la puesta en escena es la música en vivo y la iluminación de sombras y colores en los espacios que lo necesitan. En cuanto al arte y la escenografía, cumplen con lo que requiere cada momento que compone la trama.
Apuntes a tomar en cuenta
La voz en off, más que anotar y delinear la escena, la entorpece. La musicalización de algunas escenas, por problemas técnicos, suena de una calidad que interrumpe lo bueno que se logra desde la actuación y otros recursos ya mencionados. El acompañamiento en vivo funciona como un elemento que suma a la puesta; el problema aparece cuando los sonidos provenientes de los controles no están a la misma altura. Se genera, entonces, un paralelo poco afortunado entre lo que ocurre en vivo y lo que llega desde los controles.
Otra anotación podría ser: tener cuidado con la escenografía. En mi visita ocurrieron dos incidentes que pudieron salirse de control y lastimar a los actores. Afortunadamente, en esta ocasión no pasó y la función pudo continuar a través de la escenificación siguiente.
En conclusión
Entre líneas y silencios cuenta con una historia potente, una actuación a medida y claros puntos de mejora que se pueden ir perfeccionando con las funciones venideras.
Entonces, es cuando decimos entonces que… la función debe continuar.
Recomendación final: vayan a verla y saquen sus propias conclusiones.
Hasta aquí llegamos.
Adeu.
