Una sociedad futurista, un caso de abuso adolescente y una mirada a los ochenta que nos presenta una Lima irreconocible a los ojos de hoy. Tres momentos en la misma ciudad, o eso nos deja entender, narrativas que se entrelazan en sus subtextos, cada uno con una problemática singular, intensa, caótica, que avanza y hace que el espectador tenga poco tiempo de reacción.
En el siglo XXII, un millonario ha sido replicado satisfactoriamente luego de varios intentos. Un nuevo cuerpo joven, pero un mundo que desconoce frente a sus ojos. Sin embargo, su ambición y ceguera por el poder lo harán pagar las consecuencias.
La búsqueda de la redención inmediata. El abusador busca a su víctima para pedirle perdón y, con esas disculpas, automáticamente su hija salga del coma en el que se sumió luego de una operación.
Cleopatra y su amiga incondicional recuerdan sus días de gloria en las discotecas de ambiente, cuando eran deseadas y eran el centro de atención ante luces y lentejuelas.
En tres distintos momentos se revelan las capas de la vida misma, como el personaje del primer caso termina siendo solo un cascarón vacío, que ha despertado en un cuerpo joven, pero que no tiene ni la menor intención de cambiar, que vive por y para sus ambiciones, lo cual lo ha despojado de toda humanidad.
Continuando con el segundo caso, que a mi parecer tiene el punto más alto en intensidad de toda la obra, porque los diálogos exigen una atención sostenida para no perderte detalles que pueden ser necesarios para los próximos minutos (esto, bien logrado desde la escritura, pero marcado por la buena dirección). Me atrapa, además, el contraste de los personajes, entre el abusador y la víctima. Siento que el discurso unilateral de querer buscar el perdón "a condición de" nos muestra ese pensamiento egoísta que sigue teniendo el victimario a pesar de la cantidad de años transcurridos.
El cáncer de los maricones, así le dicen, dice Cleopatra, quien recuerda sus mejores años en amoríos con un tipo que reside en el extranjero, mientras se cae a pedazos postrada en una silla de ruedas, resignada al señalamiento de la sociedad y en un país en el primer gobierno de García, con un Estado incompetente en el sector salud, como lo sigue siendo a la fecha. Es, de las tres, la historia más conmovedora, con un aire narrativo que te hace empatizar con ambos personajes.
En conclusión, "Cáscaras" es una obra recomendable por donde se vea, que es capaz de extirparte por un momento de esta otra Lima en constante ruido político y de rutinas agobiantes de oficina. Con una actuación memorable de Rodrigo Chávez Terrones (que desde hoy lo tengo en el radar), la dirección de Giovanni Arce (también cumpliendo en su rol de actor) y, bueno, no hay mucho que decir, se nota el oficio para escribir de Eduardo Adrianzén. Gran equipo y gran muestra. Y las menciones para el equipo de producción como corresponde.
Ha sido una grata experiencia volver al Auditorio del Británico. Ah, no les perdono ese traje rojo de Michael Jackson en Thriller que le hicieron vestir a Arce para dárselas de futurista.
Es todo.
